jueves, 29 de noviembre de 2007

Don't Let It Bring You Down*


Dos postales diferentes de Estados Unidos... La paranoia solitaria de Neil Young y la búsqueda de William Blake (Johnny Depp) propuesta por Jim Jarmusch en "Dead man".

Tema: Don't Let It Bring You Down aparece en el álbum After the Gold Rush de Neil Young(1971)
Foto: Johnny Depp en "Dead man", de Jim Jarmusch (1995)

No Dejes Que Te Deprima(Don't Let It Bring You Down)

El anciano yace al borde de la carretera,
Camiones que pasan de largo,
La luna llena hundiéndose por el peso de la carga
Y los edificios rascando el cielo.
El viento frio zumbando en el callejón en el amanecer
Y el periódico de la mañana que vuela.
Un hombre muerto yace al borde de la carretera
Con la luz del día en sus ojos.

No dejes que te deprima,
Sólo son castillos ardiendo,
Encuentra a alguien que se de cuenta
Y recobrarás el sentido.

Un ciego corre a través de la luz de la noche
Con una respuesta en su mano,
Baja hasta avistar el río
Y podrás realmente entenderlo,
Luces rojas destellando en la lluvia a través de la ventana,
¿Puedes oír el lamento de las sirenas?
El blanco bastón que cae en la cuneta de la carretera
Si caminas solo a casa,

No dejes que te deprima,
Sólo son castillos ardiendo,
Encuentra a alguien que se de cuenta
Y recobrarás el sentido.

No dejes que te deprima,
Sólo son castillos ardiendo,
Encuentra a alguien que se de cuenta
Y recobrarás el sentido.

(*Gracias Facu por la letra)

martes, 27 de noviembre de 2007

Cuenta control, fuck you!


Entre otras cosas que tuve que ocuparme en relación a la mudanza (que "finalicé" hace una semana) fueron las vinculadas a las telecomunicaciones. Internet, teléfono. Como tengo intenciones de contratar un servicio de banda ancha que entrega una telefónica, tuve que averiguar todo acerca de mi línea de teléfono. Al no tener las facturas del inquilino anterior, ni saber el número de documento del titular (requisito para iniciar cualquier trámite al respecto), me vi obligado a sumergirse en la tarea de averiguar el paradero de la señorita que habitaba el departamento antes que llegara. Una vez que pude comunicarme con ella, descubrí que el teléfono no sólo tiene prohibido llamar a celulares (cosa que me di cuenta solo apenas enchufé un aparato a la ficha), sino que además tiene una cuenta control de 30 mangos por mes. Es decir, si superás ese límite de guita, el Sr. Telecom no te permite hacer más llamados excepto que extiendas el crédito.

Uno puede pensar: "Bárbaro, así uno evita gastar de más, blablabla". Pero después me dije: "¿Por qué tiene que venir alguien de afuera (en este caso, el Sr. Telecom) a controlarme lo que gasto?". Es decir, no es una cuetión de militancia fundamentalista lo que digo, sino que tiene que ver con esa necesidad que tenemos que siempre venga alguien a decirnos "aflojá". ¿Por qué anular las llamadas a celulares? Uno es el que tiene que poder decir "punto". ¿Y si un día necesitás realmente hacer un llamado a un celular? Cuál es la excusa: "Ah, no, pasa que no tengo salida a celulares". Sos un pelotudo. Si te vino una factura con muchas llamadas a celulares, simplemente controlate solo. No es necesario llamar a Sr. Telecom diciéndole "por favor sálveme". No es de compadrito, pero de ahora en más, "cuenta control", "bloqueo a celulares", etc... se van a la puta que los parió.

sábado, 24 de noviembre de 2007

La muerte de Mankell


Inmediatamente después de que ML manifestara sus críticas a los policiales del sueco Henning Mankell, ADN Cultura, revista cultural de La Nación, de putas casualidades le dedicó su tapa al "considerado como uno de los escritores más prestigiosos de Europa. Es el Chandler de nuestra época..." Sinceramente sólo miré la portada, todavía no tuve tiempo para leer las notas (entre paréntesis: cualquier idea sobre las aventuras de Wallander se la van a hacer recién cuando lean sus libros; lamentablemente tocar de oído en la literatura no es un buen consejo).

Creo que de la charlatanería quería escribir. Esa manía que tiene cierto snobismo (divertidamente representado en las pelis de Woody Allen) de saber absolutamente todo lo "nuevo" del mundo de la "alta" cultura, pero incapaz de disfrutar de la maravillosa complicidad que uno (en solitario) puede generar con una obra literaria. La sensación que me da el mundo de la "alta literatura" es que todo lo que toca lo convierte en mierda (como una especie de "Rey Midas al revés", díría Calamaro). Bajo ninguna circunstancia se permite disfrutar de un libro. Para glorificarlo o destruirlo lo momifica. Esa necesidad de catálogo termina con el aura del arte.

Esa es la función de ADN Cultura. No me molestan los suplementos culturales, pero esa elevación hacia lo solemne de un autor X es el final de la magia. Este me parece que es el caso de Mankell, a quien comparan con Chandler, que dejó de ser un escritor de policiales popular para convertirse es un escritor de culto norteamericano a quien "no se tiene que dejar de leer". Es genial tanto la difusión del maravilloso Chandler como la del aburrido Mankell, sin embargo sería importante evitar esa necesidad de imposición que tienen los suplementos. Acá habría que comenzar a escribir sobre el mundo editorial, etc. No es la intención de esta nota. Simplemente me gustó que ML escribiera sobre las novelas del inspector Wallander (bien o mal, no importa) antes de que un suplemento de cultura lo colocara, ante todo, como un escritor de "éxito planetario".

jueves, 22 de noviembre de 2007

Me niego


Reitero: me opongo a que esto se transforme en un diario íntimo, sin embargo para esta fecha tendríamos que tener nuestra página de ML. ¿Es posible aún? Pienso que sí. Sigo de mudanza. Sigo corroborando la imposibilidad de vivir sin internet, sin teléfono fijo. En mi anterior casa no lo usaba, pero su sola ausencia me produce angustia. Ahora mismo, en el """""fragor""""" del laburo sólo se me ocurre escribir de política, aunque como no tengo nada interesante para decir (que tenga que ver con la línea editorial -olvidada- del blog) prefiero llamarme a silencio. En mi mochilla llevo un libro de Henning Mankell que se convirtió en mochila.

-¿Qué estás leyendo?- me preguntó una cumpa de la facu que miró curiosa mientras sacaba un apunte de la mochila.
-Un policial sueco- contesté.
-¿Qué tal es?-
-Demasiado sueco- dije.

Siempre me gustaron los policiales; tanto los del estilo carne como los intelectivos (aunque con mucha predilección por los primeros). Mankell es un policial psicológico con pretensiones verbales. En "El hombre sonriente" el inspecto Wallander es un depresivo, un tipo triste que, sin embargo, se embarca en el bardo, en el barro... en el quilombo. Pese a las intenciones del autor, Wallander siempre queda envuelto en la tristeza de un chabón al que el bocho no para de atormentarlo.

Podría recomendarlo; se escucha interesante decir que uno lee policiales suecos, pero tengo que decir la verdad: el libro es un ladrillo. Quiero terminarlo para ver qué pasa... ¿Ese es el fin de los libros? o ¿El fin de los libros es que te apasionen? Bueno, eso lo veré otro día.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Desde el diario


Laburando el sábado a la noche (22.09) con falsos 23.1 grados de sensación térmica, según el berretísimo Canal 26 (no cito al querídimo e impreciso Crónica porque ahora mismo está pasando un publicidad de una pastillita para adelgazar... esas que te vuelven adicto). Bueno, como últimamente carezco de tiempo para escribir desde mi casa, quería recuperar la presencia en el blog, aunque sea, desde el trabajo. No quiero entrar en el estilo "diario", tipo psiconálisis, tipo confesionario. Simplemente era dejar testimonio de que todavía estamos acá.

Esta tarde Riquelme volvió a demostrar por qué al fobal no tiene rival. Y pese a que todo el mundo diga que el football es pasional, carente de conocimientos, me interesa decir que todo lo que gira alrededor de la redonda "sabe". Riquelme no piensa (intelectivamente) pegarle a la pelota en el lugar justo para que entre en el ángulo. Es verdad que Juan Román puede "prefigurar" que quiere pegarle al ángulo, pero ese pie derecho, sin lugar a dudas, conoce mucho más allá de la racionalidad (existente, claro está) del diez de la Argentina.

La pegada de Riquelme no es una orden intelectiva, sino que tiene conocimiento propio, no automatismo. "El pie sabe", el pie conoce, sin necesidad de la racionalidad de Juan Román, que después aparece para convertirlo definitivamente en un jugador de (otra) categoría.

lunes, 12 de noviembre de 2007

jueves, 8 de noviembre de 2007

Masa divina


“Delirio colectivo”, “delirio colectivo”, “delirio colectivo” es una frase que se escuchó mucho durante estas semanas en relación a la vuelta de Soda Stereo, después de diez años de ausencia. Dos palabritas que intentaron explicar la presencia de más de 300.000 personas para ver al trío en cinco River estupendos.

Sonaron por ahí muchas opiniones (algunas copadas), como por ejemplo la crítica a los espectáculos masivos. Es verdad, a lo mejor siempre es más agradable mantener la individualidad en la música, que ser envuelto por una masa de gente que muchas veces, mientras Cerati canta “Prófugos”, te obliga a preocuparte más en respirar en vez de dejarte escuchar parado, tranquilo, sin que nadie siquiera te toque.

Pero, ¿a veces no es más atractivo ser “masa”? Es decir, perder esa individualidad que muchos reclaman; porque en definitiva: ¿uno acaso no es “masa” cuado se sienta prolijamente junto a tres mil personas en un teatro? El Saltar, el pegarse, el empujarse, el transpirar, el perder las llaves de tu casa propio de los espectáculos megamasivos, acaso es menos totalitario que 2.487 personas sentadas en el Colón deleitándose con una ópera de Puccini.

Escribí “deleitándose” porque quiero destacar, antes que alguien levante el índice, lo maravilloso que puede ser una ópera en el Colón (altamente recomendable para cuando lo terminen de remodelar). Sin embargo acá la cuestión no es qué es mejor o peor. El tema es saber diferenciar tipos de “masa”, todos posibles de disfrutar.

Se viene el sexto River, tengo mi entrada. Pienso en lo genial que lo pasé el 20 de septiembre del 97; pienso en lo genial que lo pasé el 20 de octubre de 2007. Pienso en lo genial que seguramente lo pasaré el 21 de diciembre próximo. Ya no quiero pensar sobre esas dos horas y media, sobre esas 29 canciones, sólo quiero saltar y sentir la música ligera en mi cuerpo que conoce y disfruta, diría Merleau Ponty.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Mudarse es pesado


Lectores amigos, compañeros, (des)conocidos. Sinceramente no sé si existirán cosas escritas acerca del arte de la mudanza: el laburo de apilar, cargar, desapilar, calcular (mal) el espacio que ocupan los muebles, pérdidas inexplicables de libros en el camino de casa a casa (¿el tipo del camión de mudanza se habrá copado con "La Hermenéutica del Sujeto"?). Bueno, todo este speach berreta redactado a las apuradas es para justificar los claros que va a tener el blog en las próximas dos semanas. Igualmente, estén atentos que Malón Literario tiene un montón de escribas que antes mandaban sus cosas; así que si esta gente se copa, vamos a tener textos para leer.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Nostalgia teenanger en London


Prensada entre López y Raúl, Paula preguntó a dónde iban. López calló esperando, pero Raúl tampoco decía nada, mirándolos entre burlón y divertido.

-Como primera medida podríamos tomarnos un copetín- dijo entonces López.
-Sana idea- dijo Paula que tenía sed.

El chofer, un muchacho sonriente, se volvió a la espera de la orden.

-Y bueno- dijo López- Vamos al London, che. Perú y Avenida.*

(*Los Premios -1960-, Julio Cortázar).