domingo, 29 de julio de 2007

Down-Town


Por L.A.

Descalzo, el muñeco Wan-ko instalado en la repisa de la barra viste una túnica de colores estridentes (anaranjados, dorados, turquesas) y, como dispuesto a que le rindan culto, mira de frente al escenario. Las personas que se encuentran en el lugar toman cerveza o vino en las mesas cercanas a las paredes húmedas, propias de un subsuelo.

Seis columnas cercan el espacio destinado a los músicos dándole la apariencia de un ring de box. Cae la cana. “¿Cuántos churros se comieron?”, dice por lo bajo un chico. “Veinte”, le responde más bajito otro. Los que estaban sentados se paran, observan, se mueven. Hay agitación. “Hay arreglo”, se escucha a lo lejos. “Hay arreglo”, se repite de oído a oído.

Como en los tiempos en que el rock poseía una actitud de relámpago, fugaz y luminoso a la vez, Olfa Meocorde hace sonar sus instrumentos: dos guitarras, un bajo y una batería emanan la energía suficiente para que el público rodee el escenario rápidamente. Catarata de sonidos, suena “Travel for fun” despertando los cuerpos y la imaginación.

“Dedos”, un incestuoso rock instrumental para chupársela se convierte, acto seguido, en la historia de “La Re La Mí” que la voz suave de Federico Lavia (bajista) introduce: “Con mi motosierra y mi lanzallamas, a tu mujer yo le quito la ropa, le ato a la cama y le abro la gamba y la re la mí, no se me paró pero la re la mí”. El público participante del ritual, que escuchaba atentamente, despierta cuando amanece el ritmo convirtiendo el espacio en una marcha de movimientos capaces de tentar al mismo cornudo.

En “Exageratum”, “Psicopata” y “Chico rata”, las premisas de una sociedad aparente se esfuman para dar lugar a la crudeza de lo efímero, a lo siniestro de lo cool-tidiano. Trovadores del insulto en “Toquen, toquen”, hacen frente al “aguante” que propone el rock nacional pedorro y consiguen despertar una suma de adhesiones.

Afanados en bucear los sonidos rasposos del grunge, las melodías bailables del swing y los ecos psicodélicos del noise, Olfa Meocorde (Demián Visgarra –guitarra-, Hernán Cassiodoro –guitarra-, Federico Lavia –bajista- y Ramiro Oller –baterista-) propulsó, sin cortes ni pausas, al submarino del delirio en las profundidades del grotesco.