miércoles, 23 de enero de 2008

Una mafia sin glamour


Por P.E.

Quien otro mejor que Scorsese para filmar las miserias de la mafia. Tal vez decidido a volver a sus orígenes, el cinéfilo nacido en Queens logra con The Departed (Los Infiltrados, 2006) desmitificar la idea de que formar parte del crimen organizado es maravilloso. Lejos de películas sobre la mafia como Buenos Muchachos (1990) o Casino (1995), donde la decadencia aflora tras un momento efímero de glamour, en Los Infiltrados todos son miserables full time. No existen casas fastuosas, autos de 100 mil dólares o piedras de diamante; en la mafia de Boston, desde Costello (jefe de la organización, interpretado por el siempre soberbio Nicholson) hasta el matón de más baja categoría son simples pobres tipos.

Aquí, el papel de los supuestos buenos (la policía de la ciudad) o los malos es marginal al relato. Scorsese, conocedor del submundo citadino (Mean Streets –1973-; Taxi Driver –1976-; Al Límite –2000-), muestra que la mafia es propia de tipos despiadados pero inseguros, temerosos y traidores. Ni de casualidad existe lealtad entre este tipo de personajes. No existe solidaridad. Cada cual pretende salvar su propio culo. De ninguna manera funciona un código de caballeros mafiosos. Trabajan para el crimen en desmedro de la policía local, aunque se aseguran de mantener buenas relaciones con el FBI (la policía federal). Son ratas. Eso describe de modo perfecto Scorsese. El glamour de Gangster Americano (de Ridley Scott –2008-) es irreal.

Que existió la mafia ítaloamericana escrita por Puzo nadie lo pone en duda, sin embargo Los Infiltrados permite abrir los ojos acerca de cómo es la verdadera vida en el submundo. Es real que en la actualidad los dueños de los grandes carteles de droga tienen un estilo opulento, propio de la familia Corleone, pero cuántos son los que pertenecen a ese círculo. Sin lugar a dudas la mayoría forma parte de la miseria, de apretar a un almacenero por 25 dólares a cambio de “seguridad”, de romperle las piernas a un viejo porque no pudo cubrir una apuesta, de volarle la cabeza de un tiro a un yonki sin guita para su dosis... en definitiva, la mayoría forma parte de una mafia sin glamour.